Los Mandamientos De La Santa Madre Iglesia

La Iglesia, como Madre y Maestra, propone a los fieles unos preceptos mínimos para asegurar lo indispensable en la vida cristiana. El Catecismo recuerda que estos mandamientos “tienen por objeto garantizar a los fieles lo mínimo indispensable en el espíritu de oración, en la vida sacramental, y en el esfuerzo moral” (CIC 2041). No son máximos de perfección, sino mínimos de deber.
1) Participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto
La Iglesia obliga con razón grave, porque la Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (CIC 1324).
No asistir a Misa pudiendo hacerlo es materia de pecado grave. El domingo es el Día del Señor, memorial de la Resurrección y signo visible de pertenencia a Cristo.
2) Confesarse al menos una vez al año — especialmente en pecado mortal
La Iglesia pide al menos una confesión anual para asegurar el mínimo de conversión. El pecado mortal hiere radicalmente la comunión con Dios y debe ser reconciliado “antes de recibir la Eucaristía” (CIC 1385).
Este mandamiento protege la dignidad del sacramento y enseña la necesidad del arrepentimiento.
3) Comulgar al menos una vez al año, en tiempo Pascual
La Pascua es el corazón del año litúrgico porque celebramos la victoria de Cristo. La comunión pascual evita que el fiel pase años sin alimentarse del Cuerpo de Cristo, lo cual enfriaría la fe y la vida de gracia.
4) Ayunar y guardar abstinencia en los días señalados
El ayuno (Miércoles de Ceniza y Viernes Santo) y la abstinencia de carne (Viernes de Cuaresma) son actos de penitencia corporal ordenados a la conversión del corazón. El Catecismo afirma que “la penitencia interior […] exige también gestos de penitencia exterior” (CIC 1434), como el ayuno.
Los demás viernes del año debe realizarse alguna penitencia en memoria de la Pasión (por ejemplo: abstinencia, caridad especial, renuncia voluntaria).
5) Contribuir al sostenimiento de la Iglesia según las propias posibilidades
La fe no es solo interior; exige responsabilidad hacia la comunidad visible. La limosna y la ayuda material sostienen el culto, el clero, las obras de caridad y la misión evangelizadora (CIC 2043).
No es un “impuesto religioso”, sino un acto de justicia y gratitud.
Sentido final de estos mandamientos
Estos cinco preceptos son un piso, no un techo. La Iglesia no los propone para limitar, sino para garantizar que el fiel no abandone los pilares esenciales: Eucaristía, conversión, comunión, penitencia y caridad visible.
Cumplirlos no hace “santos por obligación”, pero no cumplirlos sin causa grave daña seriamente la vida espiritual. Son el punto de partida para quien quiera vivir la fe con coherencia mínima.
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