Contrición De Corazón – Catequesis
La contrición de corazón es el dolor profundo y el remordimiento por los pecados cometidos, que nace del amor a Dios y no del miedo al castigo.

La contrición de corazón es el dolor profundo y el remordimiento por los pecados cometidos, que nace del amor a Dios y no del miedo al castigo.

La confesión es el sacramento de la Reconciliación o Penitencia, mediante el cual los creyentes se arrepienten de sus pecados y reciben el perdón de Dios a través de la absolución del sacerdote.

La Confirmación es un sacramento en la Iglesia Católica que completa el Bautismo, confiere el don del Espíritu Santo y fortalece la vida cristiana del bautizado, imprimiendo un sello espiritual permanente en el alma.

El bautismo es el sacramento de iniciación cristiana que purifica del pecado original, nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia, y nos inicia en la vida de fe en Cristo. Se celebra mediante la inmersión o la aplicación de agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, simbolizando el renacimiento espiritual.

Los sacramentos son
signos externos y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y administrados por la Iglesia, a través de los cuales se dispensa la vida divina y se santifica a las personas.

La Plegaria Eucarística es la oración central de la misa católica, que el sacerdote pronuncia en nombre de la comunidad para dar gracias a Dios y consagrar el pan y el vino. Es el corazón de la celebración y se realiza entre la presentación de las ofrendas y la oración del Padre Nuestro.

Las bienaventuranzas son una serie de ocho frases del Sermón de la Montaña de Jesús, que se encuentran en el Evangelio de Mateo. Describen las cualidades de un cristiano y prometen una felicidad profunda para quienes las viven, mostrando que la verdadera felicidad no está en la riqueza o el poder mundanos, sino en la unión con Dios y en el servicio a los demás.

Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Se llaman así porque tienen a Dios como origen, motivo y objeto, y son infundidas por Él en el creyente para guiar sus acciones hacia lo divino.

La gracia es el favor y auxilio gratuito de Dios que permite al ser humano responder a su llamada y ser partícipe de su vida divina. Es un don inmerecido que sana del pecado, santifica y hace a las personas hijos adoptivos de Dios, que los capacita para obrar por amor a Él y recibir la salvación.